Jueves, 22 Agosto 2019
Fin de semana

El Hierro, una isla en calma

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Frontera - Tenerife

En el territorio herreño, sobre todo en La Restinga, el volcán y los terremotos han provocado muchas dudas entre sus potenciales visitantes

Una carretera con buen asfalto serpentea por montañas volcánicas hasta llegar a La Restinga, al sur de El Hierro. Es la única vía para vehículos que conecta este pueblo de poco más de 500 habitantes con el resto de la civilización. Es la localidad del volcán. La que en octubre de 2011 se convirtió en noticia por los piroclastos que flotaban en el mar de Las Calmas, que baña el puertito en el que decenas de embarcaciones esperan para salir a faenar o llevar a turistas mar adentro a practicar el submarinismo. Pesca y turismo son las principales fuentes de ingresos de sus pobladores, pero ambas aún no se han recuperado más de dos años después de aquel fenómeno de la naturaleza. Unos por la falta de visitantes y los otros por la falta de peces. Y es que La Restinga sigue sumida en una crisis que se ha agravado con los continuos movimientos sísmicos que zarandean a la Isla últimamente Pero ellos lo tienen claro: la isla sigue siendo un paraíso, un remanso de paz. "Que vengan aquí, que no pasa nada", dice el septuagenario Vicente Acevedo, restando importancia a los últimos acontecimiento que, en su opinión, han provocado que los turistas desistan en visitar esta tierra debido a un alarmismo exagerado.

Desde un banco del Patio Celestino de La Restinga, Acevedo Rodríguez ve como la vida pasa con parsimonia. Lo hace en una placita de unos 70 metros cuadrados junto a Dacio Hernández y Manolo Álvarez. Hablan, tampoco mucho, mientras se resguardan a la sombra del sol y de los 25 grados que marca el termómetro a las once de la mañana de un viernes en pleno mes de enero. "Aquí se vive bien y el pescado fresco en La Restinga no falta nunca", declara, mientras apunta que a pesar los seísmos que se han vivido en la Isla, con uno de 5,1 grados el pasado 27 de diciembre, ni se le ha pasado por la cabeza abandonarla. "Ese día estábamos jugando al dominó y la mesa y las botellas se querían caer", cuenta. Afirma que "es verdad que cuando ocurrió el terremoto de 5,1 salimos a la calle", pero "después continuamos la vida con normalidad, seguimos jugando como estábamos haciendo poco minutos antes y después fuimos a nuestras casas a ver si había pasado algo". Además, "un volcanólogo me dijo que a lo máximo que llegarían los terremotos es de cinco y ropería algún cristal, pero no más", apunta.

Y es que los herreños ya se han habituado a esos movimientos. Lo reconoce Felipe Rondán, un joven de 21 años que trabaja en el Bar Cafetería Mar de las Calmas junto a su madre Demetria Panté. "Ya estamos acostumbrados", sostiene, y destaca lo mismo que reseñaba Fernando Acevedo: "los expertos decían que los seísmos no iban a pasar de cinco grados".



Esos temblores y el volcán parecen ser los motivos que han provocado que el turismo baje en la zona, aunque Rondán admite que "ha mejorado" durante los últimos meses. "Parece que hay muchos alemanes e ingleses", detalla. Sin embargo, "aún no hay el número de visitantes que había antes del volcán", apunta en el interior de un amplio local que a media mañana sólo ocupan cinco o seis clientes que aprovechan el soleado día para tomar un aperitivo en la terraza.

Esta bajada de visitantes también se ha visto reflejada en el número de vehículos alquilados. Lo sabe perfectamente Mercedes Barrera, de Autos Bamir. "El primer año después del volcán la isla se quedó solitaria; al año siguiente ya afectó tanto al volcán y la crisis, aunque ahora, en este momento, es debido a la crisis, porque mientras en las demás islas están llenas de turistas, aquí para la segunda quincena de enero no hay nada", resalta, aunque "en navidades remontó un poco".

Si los establecimientos hosteleros y los rent a car han visto mermados sus ingresos, a los numerosos clubes de submarinismo que ocupan las calles de esta pequeña localidad les ocurre otro tanto de lo mismo. "Este verano ha habido un repunte en el turismo, incluso cerca del nivel de antes, pero no sé si es por la crisis o por el volcán nunca hemos vuelto a tener el número de visitantes que antes", explica Enrique Vargas, de Buceo Las Restinga, al acabar una inmersión junto a varios turistas peninsulares. Esto lo corrobora Susana Castañeira, de El Hierro Taxi Diver. "Hay menos turismo desde el 2011. Ya en 2012 pudimos volver a bucear y poco a poco va mejorando, pero hay menos, aunque vamos sobreviviendo", indica.

Aunque el volcán motivó que no pudieran explorar el mar de las Calmas durante un tiempo y que se llevó por delante abundante vida animal, por lo general Vargas y Castañeira aseguran que el fondo marino incluso está mejor que antes de la crisis volcánica. "Hay algún punto que le falta recuperación, pero en las zonas más cercanas al volcán ha habido una floración de vida muy buena e incluso están mejor que antes", opina Enrique Vargas. "Hay mucha vida", recalca Susana Castañeira; "al principio se murieron muchos peces, pero ahora hay bancos muy grandes, hay algunas especies que ahora están dentro del puerto que antes no se veían, por lo que los visitantes están muy contentos".

Esa satisfacción hubiese sido mayor si el cono volcánico hubiera crecido unos 40 metros más. "El volcán no se puede ver porque está a 87 metros de profundidad y nosotros podemos bajar hasta un máximo de 40", comenta Vargas, quién expresa que "si estuviese a 20 ó 10 metros habría sido una gran atracción turística, porque la gente hubiese venido a La Restinga exclusivamente para verlo".

A pesar de ello, los que llegan se van con una buena imagen de la Isla, especialmente de los fondos marinos de Las Calmas. De ellos habla la turista Laura Cardenal, que la pasada semana visitaba por tercera vez El Hierro. "Había venido antes del volcán, aunque no buceé; después vinimos, buceamos y esta es la segunda vez que lo hacemos". En esta ocasión "había más naturaleza, más peces". Y es que para esta madrileña El Hierro "es el secreto mejor guardado" del archipiélago canario. "No hay que dejarse vencer por volcanes ni terremotos, porque merece la pena venir", destaca al llegar al muelle.

Esta misma opinión tienen Carmen López y Pablo Pérez, ambos vecinos de Santa Cruz de Tenerife. "Hay mucha gente que se lo piensa a la hora de venir, pero nosotros venimos con o sin volcán", dice el primero, quién agrega que a ambos les gusta tanto La Restinga "que nos hemos comprado un apartamento". Para ellos la Isla supone "un alivio para el estrés, es nuestro refugio para relajarnos", cuenta ella. Por eso acuden cada dos o tres meses "porque esto es el paraíso; aquí siempre hace el mismo tiempo; desde que llegué me he bañado todos los días menos uno", narra Pérez, quién invita al resto de canarios a que "vengan, que se puede visitar con tranquilidad, es una isla acogedora, hay pescado y no hay problemas". Opiniones como la suya son las que ayudan a que se reanime la economía, según Susana Castañeira, que considera primordial el boca a boca "para que la gente que vaya viniendo vea que los fondos marinos están bien, que se recuperó, para que así el turismo vuelva a ser lo que fue antes del volcán".

Cerca del muelle en el que Laura Cardenal acababa su jornada de submarinismo, en un edificio presidido por una imagen de la virgen de Los Reyes, patrona de los herreños, se reúnen los pescadores para pesar las capturas del día. Esos profesionales viven otra crisis, que no es turística precisamente, sino que proviene de la falta de peces. "La cosa está un poco floja porque el mar de Las Calmas está fatal", comenta Esteban Hernández acompañado por su hijo de tres años. "No hubo tiempo para que el caladero que estaba en la zona se recuperara, necesitábamos más tiempo sin pescar, sobre todo en el mar de las Calmas, por lo menos medio año más para que se recupere", explica, y precisa que al principio, un año después del volcán y cuando desde las Instituciones se les dejó retomar la actividad, "se notaba que se había recuperado algo", pero después los bancos de peces desaparecieron. "Cuando empezamos se notaba que se había recobrado, pero a la semana ya había falta de pescado", asegura Jesús Machín, que resalta que "ahora es difícil regenerarlo porque tendríamos que hacer una parada de un año sin pescar, y si no se para no van a volver los peces, por lo que de momento sobrevivimos, pero se nota que cada vez hay menos".

Y entre la falta de turista y de caladero, los vecinos de La Restinga continúan con su rutina en el pueblo más meridional del Archipiélago, que busca convivir con los efectos del volcán del mar de Las Calmas y a la espera de que los visitantes regresen a una zona y a una Isla donde la calma está presente en sus 278 kilómetros cuadrados.

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