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Canarias en la ruta de los megatiburones

Científicos del Instituto Español de Oceanografía presentan el primer diente fósil de un ejemplar adulto de Megalodón hallado en aguas Canarias
20-07-2017 11:46
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Canarias en la ruta de los megatiburones

Canarias en la ruta de los megatiburones

La leyenda y la tecnología se vieron las caras en un montículo sumergido a 1.500 metros de profundidad al norte de la isla de La Graciosa cuando una draga del buque oceanográfico del Instituto Español de Oceanografía (IEO) Ángeles Alvariño extrajo del fondo marino dientes fósiles de uno de los mayores depredadores conocidos que ha habitado la tierra: el Megalodón.

Este tiburón gigante -de hasta 20 metros de largo-, cazador supremo del planeta durante el Mioceno y el Plioceno, vivió entre hace unos 20 y 2,5 millones de años en los océanos del planeta y, además, ahora los científicos han determinado gracias al resto de fósiles recuperados en el yacimiento Banco de La Concepción que este gigante de los océanos lo hizo junto a otras especies de tiburones también gigantes como el Paratodus benedenii, el Cosmopolitodus hastali o la Hemipristis serra, verdaderas máquinas de matar que eligieron las aguas Canarias para alimentarse de las poblaciones de manatís, focas y grandes bancos de peces que habitaban el archipiélago en aquella época.

“Con las especies descritas convivían otras ya hoy extintas así como algunas que aún viven en la actualidad. Durante el Mioceno”, explica el investigador del Instituto Español de Oceanografía Pedro J. Pascual Alayón, “se produce una gran diversificación de los cetáceos y otros mamíferos marinos en todos los océanos. El Megalodón y los demás tiburones fósiles hallados, coincidió con muchas especies de pequeños cetáceos ya hoy en día extintos y también con las actuales orcas y cachalotes en los últimos momentos de su existencia. Durante esta época los sirénidos o manatís también explosionaron y colonizaron numerosos lugares, convirtiéndose en presas muy buscadas por estos grandes tiburones”.

Clima cálido, húmedo y lluvioso

Las Islas Canarias durante el Mioceno eran muy diferentes a la actualidad. Ese fue el momento culmen de época de estos tiburones. En aquellos tiempos las islas de mayor relieve eran Fuerteventura y Lanzarote; La Palma y el Hierro aún no exitían y el resto estaba en fase de formación. Al igual que en latitudes más altas, en Canarias por entonces existía un clima muy cálido, húmedo y lluvioso, muy parecido al actual clima tropical de los grandes bosques amazónicos. En esta época las islas serían un hervidero de vida, con la presencia de colonias de mamíferos marinos en sus costas ( manatís y focas), tortugas, grandes bancos de peces, etcétera.

El doctor Pascual Alayón, investigador del IEO y responsable del estudio de los fósiles hallados, asegura que “el paisaje submarino de entonces, al ser de aguas cálidas y con mucho alimento, sería muy parecido al actual de Cabo Verde o costas de Senegal, con la presencia de grandes invertebrados como almejas, lapas y corales ya hoy extintos. Esta gran cantidad de recursos atrajo sin lugar a dudas a todos los grandes tiburones durante esa época”, añade.

Además de 15 piezas dentarias fósiles del tiburón Otodus (Megaselachus) Megalodon, el equipo del Instituto Español de Oceanografía descubrió alrededor de una treintena de dientes y huesos que ahora han identificado con ejemplares del Paratodus Benedenii, una especie de tiburón de más de 7 metros y considerada como un gran depredador de aguas abiertas u oceánicas -se halló un diente-; otra pieza dental de un Cosmopolitodus hastalis considerado el tiburón antecesor del gran tiburón blanco actual. Esta especie tuvo un extraordinario éxito ecológico en su época y sus dientes fosilizados son encontrados en numerosos lugares del mundo, considerándose que fue una especie cosmopolita y reconociéndose en su nombre científico dicho carácter; dos piezas de dientes fósiles de la especie Hemipristis serra, tiburón parecido al cazón dientuso actual pero de 7,5 m de largo. Marcas de sus dientes han sido encontrados en huesos de Sirénidos, algunos científicos opinan que este tiburón estaba especializado en cazar Sirénidos; dos piezas de dientes fósiles de la especie Isurus spp, especie de tiburón extinta de la familia de los Lámnidos, se la considera grandes cazadores oceánicos como sus primos actuales los marrajos. Asimismo se halló un fragmento de cráneo fósil (zona parietal) además de una costilla fósil de un sirénido; una pieza fósil de un periótico (complejo timpánico) de odontoceto -podría tratarse de una especie extinta en la actualidad- y tres piezas o fragmentos fósiles de huesos de ballenas así como dos de vértebras fósiles de un mamífero marino.

Los hallazgos se realizaron en 2012 en el Banco submarino de Concepción, una zona que sólo ha empezado a dar sus frutos a los investigadores. “Las dimensiones del yacimiento no son fáciles de calcular pues estamos hablando de un material que se ha depositado en la base del talud insular desde prácticamente el nacimiento de las islas. En el caso de Fuerteventura unos 20 millones de años y unos 15.5 Lanzarote y Bco. de Concepción. Por la naturaleza, tipología y diversidad de todo el material fósil hallado se podría clasificar como fósiles típicos de depósitos de flujos de detritos, que se suelen producir o concentrar al pie de pendientes o montañas submarinas en zonas de bajo hidrodinamismo. Esto no quiere decir que los fósiles estén repartidos por todo el lecho oceánico, al igual que en tierra firme sólo se concentran en zona o lugares muy puntuales. A veces es como buscar una aguja en un pajar”, reconocen desde el Instituto Español de Oceanografía.

Pascual Alayón es prudente a la hora de cuantificar el tamaño de las poblaciones de Megalodón y otros tiburones gigantes en aguas de Canarias pese a describirla como “numerosa”. “Esto es difícil de contestar, puesto que el proceso de fosilización es muy complejo y tienen que darse muchísimas condiciones juntas para que un animal se fosilice. Lo dientes de tiburones son de un material muy duro y resistente al ataque microbiano de descomposición. Además”, prosigue, “fosiliza muy bien y mantiene su estructura primaria en buenas condiciones. Al tratarse de un material de depósito de muchos millones de años, posiblemente cada una de las piezas, pertenezca a un animal distinto. El número de ejemplares que nadaban en un mismo momento, no se puede saber pero su presencia atestigua que tuvo que existir una población numerosa para que después de tantos millones de años aún los podamos encontrar”.

Investigación submarina

Las aguas profundas de Canarias han sido prospectadas y estudiadas desde hace muchos años, aunque fue después de las contiendas bélicas europeas, cuando se reinician los estudios y campañas científicas en las costas africanas por parte de los principales institutos de investigación marina europeos aunque la mayor parte de los trabajos se han realizado sobre los recursos existentes en la plataforma continental y muy pocos se han dirigido al estudio de los fondos batiales y abisales. “Las campañas llevadas a cabo en los buques de investigación Thalassa y Discovery, realizadas en los años 60 y 70, podríamos considerarlas como pioneras en el estudio de estas zonas profundas, habiendo realizado prospecciones entre 261 m y 6.059 m de profundidad a lo largo del noroeste africano. Fruto de éstas son los extraordinarios trabajos sobre la ecología de la fauna íctica profunda de esta zona del Atlántico”, explica el investigador tinerfeño.

Los estudios más recientes en las aguas del archipiélago canario comienzan en los años 70 y desde entonces se realizaron numerosas campañas de investigación a bordo de los buques oceanográficos Taliarte, Francisco de Paula Navarro y La Bocaina en todas las islas del archipiélago Canario. Con posterioridad, el Departamento de Biología Marina de La Universidad de La Laguna, el museo de Ciencias Naturales y el centro de investigación de Taliarte pasan a liderar numerosos estudios que ser realizaron en la década de los 90 y 2000.

La mayoría estaban enfocados con mentalidad pesquera pero, ya a finales de los 90 y primeros año 2000, las nuevas normativas de protección y estudios ambientales exigen unos estudios marinos multidisciplinares y más completos, abarcando el estudio de todo el ecosistema en su conjunto. Precisamente de esa filosofía nace el proyecto Life + Indermares ‘Inventario y Designación de la Red Natura 2000 en Áreas Marinas del Estado Español’, cuyo objetivo principal es contribuir a la protección y uso sostenible de la biodiversidad en los mares españoles mediante la identificación de espacios de valor para la ampliación de la Red Natura 2000 marina en España.

“También habría que destacar la nueva Estrategia de Biodiversidad de la UE”, matiza Pedro J. Pascual Alayón, “aprobada en 2011, que establece las bases políticas y acciones que se pondrán en marcha a nivel de la UE durante los próximos diez años para en el 2020 detener la pérdida de biodiversidad y la degradación de los servicios ecosistémicos de la UE, y su restauración en la medida de lo posible, incrementando al mismo tiempo la contribución de la UE a la lucha contra la pérdida de biodiversidad mundial”, añade.

“Hoy la investigación marina de la mayoría de centros de investigación se realiza bajo un enfoque ecosistémico y no atendiendo únicamente a un único parámetro ambiental o de recurso propiamente dicho. Todo en el océano está conectado y para conocerlo y entenderlo tenemos que abarcar estudios multidisciplinares que nos den respuestas actuales y pasadas sobre el ecosistema en su conjunto”., dice Pascual Alayón.

Las hembras, mayores

Volviendo a los restos de Megalodón, el doctor Pascual Alayón ha podido reconstruir con los pedazos hallados una pieza dental de un adulto de 15 centímetros, que aún no tiene nombre. “La verdad que no hemos bautizado al ejemplar que llevó este gran diente. En ciencia”, según Pedro J. Pascual Alayón, “cuando se descubre una nueva especie sí se le pone un nombre acorde con alguna característica de la especie o bien se suele dedicar a alguna persona que consideras importante o especial para ti. Si le tuviera que poner un nombre a este ejemplar le pondría el de cualquiera de mis tres hijas, salvando las diferencias como es obvio, se eligió el nombre de Lucy para el famoso esqueleto de nuestros ancestros porque sonaba esa canción de los Beatles en el momento de su descubrimiento, pues Claudia, nacida en el año que se produjo este importante descubrimiento, año 2012, estaría bien. Y ya puestos a jugar con la imaginación, nuestra Claudia de los fondos marinos debió ser una gran hembra de tiburón Megalodón que estuvo por las islas hace muchos millones de años cazando o vino a parir sus crías entre las aguas de aquel primigenio archipiélago. En los tiburones, las hembras son siempre de mayor tamaño que los machos y éstas suelen frecuentar los lugares de gran abundancia de alimento para parir sus crías y así asegurar su supervivencia”, concluye.
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