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"El cine japonés interpreta las claves más profundas de su herencia tradicional"

El crítico cinematográfico Luis Miranda imparte hoy la conferencia 'La historia del arte japonés a través del cine nipón'
20-09-2012 22:23
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Luis Miranda. | lp/dlp

Luis Miranda. | lp/dlp

¿Es posible trazar una historia del arte japonés a través de su cine, cuando la primera película japonesa es de 1897?

No. Pero sí es posible señalar qué rasgos de esa historia vernácula del arte han querido traducir al cine. Es decir, cuáles serían, para los japoneses del siglo XX, los elementos consustanciales a su cultura, definidores de su tradición. Para ello es preciso tener en cuenta varias premisas. La primera es el hecho de que en Japón el término arte se designa con una determinada palabra cuando alude a las artes tradicionales, y con otra cuando designa las prácticas importadas de Occidente. La segunda es que el cine formó parte de los inventos de procedencia occidental que portaban consigo un prestigio de modernidad. Y la tercera es que el cine japonés manifestó, al menos a partir de los años 20, una doble tendencia: la recreación de formas estéticas del pasado o de la tradición, y la asimilación de formas extranjeras como Hollywood, el cine mudo soviético, los claroscuros del cine de Weimar o el experimentalismo de los franceses. Pero lo importante no es descubrir cómo el cine japonés imita las apariencias de las artes tradicionales, sino cómo interpreta los términos más profundos de esa herencia. En una secuencia rodada por Mizoguchi, puedes descubrir el sentido del espacio de la arquitectura japonesa, la gestualidad corporal derivada del teatro shimpa, y ciertos travellings que remedan el proceso consistente en desplegar una antigua pintura-rodillo.

¿Qué objetivo buscaban los cineastas nipones con esos planos?

Lo que se buscaba era, por un lado, hacer un cine que fuera moderno y vernáculo a la vez. Y por el otro, hacer visible el gesto de estilo, el trazo en el espacio, y con ello los intervalos que le son propios, para hacer surgir de ellos la emoción. Cuando, en una representación kabuki, un actor congela su postura -kata- durante varios segundos, el público reconoce ahí una imitación de cierta estampa famosa, cierto dibujo legendario. Pero también percibes toneladas de emoción en ese gesto retenido. Es asombroso: las viejas estampas representaban a los actores en sus gestos característicos, pero los actores, a su vez, imitan a las pinturas. El cine japonés ha mantenido esa tendencia a valorar el gesto suspendido, la composición quieta, el espacio, incluso lo invisible: el tiempo, que parece convertirse en un aliento denso.

¿Su conferencia cubre varios géneros o se centra en uno solo?

Me limitaré a tomar algunos ejemplos de los tres cineastas japoneses más reputados: Kenji Mizoguchi, Yasujiro Ozu y Akira Kurosawa. La mayoría de los ejemplos proceden de películas que recrean épocas del pasado histórico japonés: los vínculos con el arte premoderno son más evidentes y deliberados en el cine histórico, naturalmente. También incluiré un segmento de un filme de Takeshi Kitano, que nos permitirá hablar del teatro de marionetas bunraku.

Hay muchas obras maestras del cine japonés, como Despedidas de Yojiro Takita que incluso ganó el Óscar a la Película de Habla no Inglesa, que permanecen desconocidas. ¿A qué es debido?

El marketing cultural casi siempre toma la parte por el todo: se toma un cineasta-autor que queda investido automáticamente como embajador plenipotenciario de su cinematografía nacional e incluso de la cultura de su país. Pasó con Kurosawa durante décadas, o con Satyajit Ray como gran autor indio. Después de dos décadas, el cine iraní se sigue dividiendo en dos: Kiarostami y los demás. En los 90, el único cineasta japonés cuyas películas se estrenaban puntualmente era Kitano, pero para eso tuvo que ganar el primer premio en el Festival de Venecia, con su séptima película, nada menos. Luego Kore-eda o Naomi Kawase han ido apareciendo esporádicamente. Pero la diversidad ha caído a niveles aún más bajos en las salas. Sin embargo, el mercado de DVD es mucho más dinámico. Lo que se exhibe en salas no da la medida del estado del cine actual fuera de Hollywood.

Muchos elementos de las películas japonesas pasan desapercibidos entre las sutilezas de la diferencia cultural. ¿Dará pistas?

De eso se trata. Creo que, al menos inicialmente, hay que ir hacia la superficie para entender el fondo de una cultura que nos resulta lejana. Las claves están ahí, a la vista, en las imágenes. No son claves herméticas, encriptadas, sino formales. Hay que leer las formas: entender las cualidades del espacio, el depósito de las emociones en los cuerpos, o el peso de esos vacíos en el plano, o en la acción. La cuestión es desarrollar esa visión moviendo las imágenes de las películas entre otras imágenes pictóricas, arquitectónicas, teatrales.

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